Arquidiocesis de Leon

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Solemne Vigilia para celebrar a nuestro Arzobispo

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La Vigilia, una noche antes

 


 

LEÓN GTO., 21 de julio de 2012.- Miembros de la Adoración Nocturna Mexicana de todas las parroquias de la Diócesis, de cada sección de la Adoración, se hicieron presentes en gran número para celebrar con toda solemnidad una Vigilia General con ocasión del 50 aniversario del sacerdocio de Mons. Martín Rábago, Arzobispo de León. Cientos de adoradores, hombres, mujeres, jóvenes y niños, abarrotaron la Casa de Ejercicios y después el Templo Expiatorio para orar por el Sr. Arzobispo.

La vigilia dio inicio después de las 9 de la noche y después de su junta de turno donde se distribuyeron las diversas actividades y responsabilidades de la Vigilia. La noche de ración inició con la celebración solemne de la Misa que presidió el propio Sr. Arzobispo acompañado de tres sacerdotes más.

La prolongada procesión de entrada de los adoradores vio pasar todas las banderas de las secciones de la Diócesis donde hay grupos de Adoración Nocturna. El objetivo de la noche de oración era presentar a Dios las oraciones del pueblo para pedir por el Sr. Arzobispo en sus Bodas de Oro Sacerdotales, gesto que mucho agradeció Mons. Martín Rábago.

En la homilía el Sr. Arzobispo compartió lo siguiente: “Cuando la gente se me acerca y me pregunta ¿qué necesita?, mi respuesta ha sido siempre la misma: lo que necesito es que oren por mí, lo que más agradezco es que me encomienden al Señor, que me ayuden a dar gracias por el don del sacerdocio y que me dé el don de la perseverancia final, pues bien, ustedes están entre el número de las personas que han comprendido esta necesidad y han tomado esta decisión que mucho agradezco de ofrecer esta vigilia de adoración, este es el regalo que más aprecio, que más estimo, que más agradezco”.

La Misa se vivió con toda piedad y al final de la celebración se hizo la exposición del Santísimo Sacramento que quedó en el altar para la adoración de todos durante cerca de dos horas más, tiempo en que los adoradores ofrendaron la vida y ministerio de Mons. José Guadalupe a Dios en la Hostia Consagrada.