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Via Lucis del Señor Resucitado

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FELICES PASCUAS DE RESURRECCION

En esta ocasión les envío como regalo de Pascua, un “Via Lucis”, que puede ser leído y ejercitado privadamente, pero con la ilusión de que lo transmitan a alguno sacerdote o alguna parroquia, porque puesto en práctica en alguna comunidad, con luces, con sonido, con un buen equipo de actores, puede dar excelentes resultados para la fe de nuestro pueblo. Va también un viacrucis y procesión del silencio con la misma finalidad.

VIA LUCIS DEL SEÑOR RESUCITADO


INTRODUCCIÓN

Hay una devoción popular con una tradición que viene probablemente de la edad Media y es el Via Crucis, el camino de la cruz. En él se meditan los momentos más sobresalientes de la Pasión y muerte de Cristo: desde la oración en el huerto hasta la sepultura de su cuerpo, pero ésta es apenas la primera parte de la historia que no acaba en un sepulcro, ni siquiera en la mañana de Resurrección, sino que se extiende hasta la llegada del Espíritu Santo y su actuación maravillosa en el mundo

.

Esta noche queremos vivir aquellos inolvidables 50 días cargados de acontecimientos, de apariciones del Resucitado, de dudas e incertidumbres, pero al mismo tiempo de aceptación y crecimiento en la fe de Cristo resucitado, acontecimientos que aceptaron con gratitud y con un gozo inimaginables los que tuvieron la dicha de encontrarse con el Resucitado.

Vamos a dejarnos iluminar con la presencia y la acción de Cristo resucitado que vive ya para siempre entre nosotros, y que nos invita a vivir de tal manera que entre nosotros triunfe el amor sobre la muerte, el servicio sobre el egoísmo y la generosidad sobre la mezquindad y la violencia de nuestro mundo.

Alegría y paz, hermanos, el Señor resucitó, venció a la muerte, al pecado y a las tinieblas y su corazón late ahora muy cerca del Padre, del Buen Padre Dios, esperando el regreso de todos los hombres, para ser la gran familia de los hijos de Dios que han triunfado y vivirán para siempre. Alegrémonos, hermanos, en esta noche. Aleluya, el Señor Resucitó y nos invita a vivir también nosotros ya desde ahora como resucitados.

PRIMERA ESTACION

CRISTO MUERTO Y SEPULTADO RESUCITA AL TERCER DÍA. ESTÁ VIVO

Narrador: Aquel día fue un día muy especial en Jerusalén. Había acabado la vida de un soñador, que había caminado todos los caminos de Israel, conquistado los corazones de muchas gentes.

Su corazón se conmovió ante las multitudes sin pan, sin techo y sin alegría. No hubo monte ni valle, ni río ni lago, ciudad o caserío a donde no llegaran sus pies cargados de esperanza para todos los hombres. Todos le conocieron, pobres y ricos, sanos y enfermos, buenos y malos, pecadores y justos.

Todos pudieron encontrarse con él, todos tuvieron una agradable acogida y todos fueron bendecidos por él.

Pero ahora estaba muerto. Lo habían condenado cruelmente, injustamente y lo subieron a una cruz, para que muriera como un vulgar criminal.

Muchos de sus seguidores se dispersaron, y unos cuántos fueron a esconderse lastimosamente para no correr la misma suerte que Jesús.

Fue bajado de la cruz con dificultad por unos cuántos seguidores suyos...

(MOMENTO DE ESPERA MIENTRAS BAJAN AL CRISTO Y LO METEN EN LA TUMBA. EL MOMENTO SE LLENA CON MÚSICA)

y fue metido en una tumba prestada. Soldados romanos se encargaron de custodiar la tumba, no fueran los discípulos a decir que algo misterioso había ocurrido.

Parecía que todo había acabado y que todo quedaría como antes.

Pero en medio de la noche, Cristo Jesús, cumplió su promesa, volvió a la vida, y volvió para no morir más, y vivir siempre cerca de los suyos. Él había hablado muchas veces de su cruz, de su muerte, pero nunca dejó de mencionar que su Padre Celestial cumpliría su promesa de resucitarle al tercer día.

Y el momento glorioso llegó. Nadie asistió a ese momento sublime. Cristo comenzó a brillar con una luz nueva, con su propia luz, con la luz de su RESURRECCIÓN.

(AQUÍ PUEDE APARECER EL CRISTO, POR EL LUGAR CENTRAL, MIENTRAS SE OYE UN PORTENTOSO ALELUYA. DESPUÉS BAJA A PONER SUS MANOS SOBRE ALGUNAS PERSONAS DE ENTRE LOS ESPECTADORES, Y VUELVE A SITUARSE NUEVAMENTE EN EL CENTRO. ENTONCES CONTINÚA LA NARRACIÓN).

Narrador:

Desde entonces su cuerpo ya era un cuerpo glorioso, su rostro era como el del más bello de los hombres, y la fragancia que despedían sus llagas inundaría el universo entero. Él recorrería nuevamente los caminos, llamando a todos los hombres, para llevarlos a todos al Padre. Es ahora el Cristo de todos los caminos, de todos los pueblos y de todas las naciones. ES EL RESUCITADO. ALEGRÉMONOS, HERMANOS, EL SEÑOR RESUCITÓ Y VIVE ENTRE NOSOTROS.

DESPUÉS DE CADA ESTACIÓN:

ALELUYA, CRISTO JESÚS RESUCITADO,

CON SU CRUZ A TODOS HA SALVADO.

SEGUNDA ESTACIÓN

CRISTO SE APARECE A MARÍA SU MADRE, PRIMERA MUJER CREYENTE.

Narrador: Muchas personas dejaron huella en la vida de Jesús, hombre entre los hombres. Una de ellas fue José, su Padre adoptivo, de quién recibió la reciedumbre, la virilidad, el darse a los demás sin descanso, el poder subir a los montes, y bajar a los valles y remontar la travesía por el mar de Galilea para buscar a todos los hombres.

De José aprendió Jesús a orar al Buen Padre Dios… al principio fueron balbuceos... luego fue elevar las manitas pidiendo pan a Papá Dios... y después vinieron los Salmos, para alabar al Creador, para dar gracias por sus dones, y para pedir el perdón para todos los pecadores.

Pero sin duda alguna fue María, su Madre, la que más huellas dejó en su corazón.

Ella fue su Madre, pero también su Maestra. La Maestra de la vida. De ella aprendió la generosidad, el saber compartir lo poquito que Dios les daba, hasta dar la vida entera. La delicadeza de Cristo para tratar a los pecadores, a los enfermos, a las prostitutas, a los jóvenes, Cristo lo aprendió de María.

Ella fue inspiración en su vida, y desde su propia vida, hizo de su Hijo todo un hombre, un hombre religioso, un hombre de Dios viviendo entre los hombres.

A diferencia de muchos de sus contemporáneos, María supo escuchar con fe las palabras de su Hijo y aunque esto supusiera muchos dolores para ella, nunca se separó de su hijo. Pero su gran sufrimiento fue ver a su Hijo, que a nadie había hecho mal, que después de contemplarlo y acompañarlo en lo alto de la cruz, tuvo que recibirlo ya muerto, hecho pedazos, escupido, ensangrentado y frío, en sus propios brazos.

Era justo entonces, que entre las primeras personas que pudieran gozar de la visión de Cristo resucitado, fuera precisamente María. Los Evangelios no lo mencionan, pero si el cariño de Cristo era grande para su Madre y si su gratitud a la mujer que supo decir que sí a Dios, con un sí que implicó la maternidad y toda una vida de entrega, entonces era justo recompensarla con una de sus primeras apariciones.

Y aunque nosotros no pudimos asistir a ese momento, nos imaginamos la ternura que significó la presencia, la aparición, la sorpresa, la alegría, y el abrazo indescriptible entre Jesús y María.

ALELUYA, CRISTO JESÚS RESUCITADO,

CON SU CRUZ A TODOS HA SALVADO.

TERCERA ESTACION

CRISTO SE ENCUENTRA CON MARÍA MAGDALENA Y LE CONFÍA EL ENCARGO DE IR A LLEVAR LA NOTICIA DE SU RESURRECCIÓN A LOS APÓSTOLES.

Narrador: La mujer siempre ha sido relegada. En todas las épocas de la historia, el mundo se ha ido haciendo en torno al hombre, y la mujer ha sido condenada, no a ser la compañera y la amiga del camino, sino la esclava, y la servidora a quien se le confían los trabajos más duros, como la maternidad, la educación de los hijos, el cuidado de la casa, y ahora el trabajo fuera del hogar como una nueva esclavitud.

Cristo sabía del trato injusto de los hombres para la mujer, y por eso, en vida mortal, siempre que pudo, exaltó el papel de la mujer al lado de los hombres, tal como fue el designio de Dios en el principio de los tiempos, por eso las primera personas que tuvieron la dicha de encontrarse con el Resucitado, fueron precisamente las mujeres, entre las cuales estaba María Magdalena, una mujer a la que Cristo había rescatado de las garras del placer y del pecado y que se había mostrado siempre solícita para seguirle. Ella encabezaba a un grupo de mujeres que iban a visitar el sepulcro de Cristo, con la idea de embalsamar adecuadamente el Cuerpo del Señor, pues no lo habían podido hacer el día de la sepultura.

Ella se encontró con la novedad de que la piedra que cubría la tumba del Señor había sido removida, y tuvieron gran pena al imaginarse que alguien habría robado el Cuerpo de Jesús. Un ángel les dijo:

Ángel: ¡Mujeres, no teman, sé que buscan a Jesús el crucificado, pero no esta aquí. No busquen entre los muertos al que está vivo. Ha resucitado como había dicho. Acérquense al lugar donde lo habían puesto!

Narrador: El ángel invitó a las mujeres a mirar la tumba vacía, y al salir, regresaron temerosas a dar a los apóstoles, la noticia que el ángel les había confiado, la resurrección del que antes estuvo muerto.

Un poco más adelante, ellas se encuentran con otro joven, al que confunden con el jardinero. Pero Jesús, que se les da a conocer, y las saluda:

Jesús: ¡María! ¿Porqué lloras? ¿A quién buscan?

Narrador: Aún no acababan de reconocerlo, pero cuanto Cristo se acercó más, ya no lo confundieron con otra persona, y entonces vino el gozo indescriptible, al grado que María Magdalena pretendió abrazar las piernas de Jesús, pero él se lo impidió delicada y enérgicamente, mientras le pedía:

Jesús: ¡No teman, vayan a avisar a mis hermanos que vayan galilea y que ahí nos volveremos a ver!

Narrador: Los apóstoles no les creyeron, porque eran mujeres, por supuesto.

Hoy queremos rendir homenaje a tantas mujeres que han entregado sus vidas a Jesús, como nuevas magdalenas, y con su ejemplo, su testimonio y su palabra, hacen posible la presencia de Cristo en los hijos, en las familias, en los corazones, en los continentes e incluso en nuestra misma Iglesia.

Gracias, Jesús por tu confianza en las mujeres y por haber pensado en ellas como compañeras fieles de los hombres en el mundo.

ALELUYA, CRISTO JESÚS RESUCITADO,

CON SU CRUZ A TODOS HA SALVADO.

CUARTA ESTACION

JESÚS SE ENCUENTRA CON LOS DISCÍPULOS DE EMAÚS, QUE LO RECONOCEN AL PARTIR EL PAN.

Narrador: La muerte de Jesús sumió a mucha gente en tristeza y en desilusión. Aunque muchas veces Jesús había hablado de su muerte y de su resurrección, nadie había entendido bien a bien lo que Cristo les anunciaba.

Dos jóvenes que habían seguido Jesús, desalentados, regresaban ya a su pueblito, Emaús. Un día habían salido alegres de su pueblo, pensando que iban a ser grandes cosas cerca de Jesús. Pero ahora temían las burlas de las gentes de su pueblo, pues regresaban como fracasados.

Alguien se los encontró en el camino y les preguntó.

Jesús: ¿Muchachos, de que vienen conversando por el camino que se les ve tan tristes y acongojados?

Cleofás: ¿Qué, a poco eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha sucedido allí estos días?

Jesús: ¿Y qué es lo que ha ocurrido?

Cleofás: Lo de Jesús el nazareno que era un hombre bueno, un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo. Nosotros teníamos toda nuestra confianza en él, pero lo mataron, subiéndolo en una cruz.

Discípulo I: Y aunque había dicho que volvería, pues ya son tres días y nada ha pasado, a pesar de que algunas mujeres que fueron de madrugada al sepulcro y no encontraron el cuerpo de Jesús, ahora andan diciendo que se encontraron con unos ángeles que les aseguraron que ya había resucitado…

Narrador: El peregrino se sorprendió de su incredulidad, de su poca esperanza y con gran paciencia los fue instruyendo en la Escritura sobre todo lo que se decía en ella de su propia persona. Cuando comenzó a hablar, el rostro de los dos discípulos se les fue ablandando y su alegría iba creciendo, aunque ellos no se daban cuenta. Cuando ya estaba oscureciendo, como iban tan interesados en la conversación, le pidieron al peregrino.

Cleofás: Quédate con nosotros, que se está haciendo tarde, ya está oscureciendo, pronto será de noche y quisiéramos que te quedaras en nuestra casa esta noche.

Narrador: Cuando llegaron a su casa, lo sentaron a la mesa, y le permitieron que él partiera el pan, pues era el invitado. El peregrino tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se los dio.

En ese instante reconocieron en el peregrino al mismo Jesús, ya glorioso y resucitado, que se desapareció de su presencia.

Esto nos recuerda a la Eucaristía, un Cristo que se nos da en forma de pan y de vino, cada que la comunidad de los cristianos se reúne.

Narrador: Y se decían el uno al otro:

Cleofás: ¿Te diste cuenta de que nuestro corazón ardía mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?

Discípulo I: ¡Sí, es verdad, yo sentía una alegría que no me cabía en el pecho, aunque no lo reconociera hasta este momento.

Narrador: No cabían en sí de regocijo, y lo primero que se les ocurrió fue levantarse también ellos de la meza, para ir a decirle a los apóstoles que estaban reunidos en Jerusalén, que se habían encontrado con Jesús y lo habían reconocido al partir el pan.

Narrador: Al llegar a Jerusalén, los discípulos gritaban desde fuera:

“Hemos visto al Señor, ha estado con nosotros, lo hemos reconocido al partir el Pan”

Y los apóstoles desde dentro también decían: “Ya nos ha visitado el Señor, ya nos ha visitado el Señor Jesús”.

Hoy Jesús sigue emparejándose con nosotros en el camino, para invitarnos a sentarse a su mesa, la mesa de la Eucaristía, y participar de su banquete. Es el eterno peregrino, que ilumina a su Iglesia y al mundo, para alegrarnos con la claridad de su presencia y con el gozo de su alimento y de su bebida, su Cuerpo y su Sangre

ALELUYA, CRISTO JESÚS RESUCITADO,

CON SU CRUZ A TODOS HA SALVADO

QUINTA ESTACIÓN

JESÚS SE PRESENTA ENTRE LOS APÓSTOLES, LOS LLENA DE ALEGRÍA Y LES DA AL ESPÍRITU SANTO, PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

Narrador: El gran momento había llegado. Estando los apóstoles reunidos, Cristo cumplió la promesa que les había hecho muchas veces.

Volvería.

Y volvería para no dejarlos más. Para estar con ellos para siempre. Al tercer día, el primer domingo, el Gran domingo, Cristo se presentó ante ellos radiante y luminoso, estando las puertas cerradas.

El desconcierto fue grande. Estaban ante el maestro. La familia estaba completa nuevamente.

Y vino el saludo del maestro, la gran conquista, la paz para todos los hombres, para sus conciencias y para su relación con Dios.

Jesús: “La paz esté con ustedes”.

Narrador: Pero ellos seguían sin saber que actitud tomar.

Jesús: ¿Porqué se sorprenden? ¿Porqué dudan en sus corazones?

Narrador: Por eso, a continuación, con gran delicadeza, Cristo les enseña sus manos y su costado abierto.

Jesús: Miren mis manos y mis pies que soy el mismo. Tóquenme y vean que un fantasma no tiene carne ni hueso como ven que yo tengo

Pero cuando se dieron cuenta que era verdaderamente Cristo Jesús, entonces vino un gozo desbordante y una alegría indescriptibles: se abrazaron, se felicitaron y se llenaron de gozo.

Narrador: Luego, Cristo los instruyó sobre su vida, sobre sus misterios y sobre todo lo que les ocurriría cuando se convirtieran en sus testigos ante el mundo, tal como estaba predicho en las Escrituras Santas.

Narrador: Y enseguida, sopló sobre ellos mientras les decía: RECIBAN AL AL ESPÍRITU SANTO, A QUIENES PERDONAREN LOS PECADOS, LES SERÁN PERDONADOS, Y A QUIENES SE LOS RETENGAN, LES QUEDARÁN RETENIDOS. Asi les dio en ese momento la fuerza inextinguible del Espíritu Santo y los envió por el mundo a ser sus testigos, llevando a los hombres el don maravilloso del perdón de los pecados, que nos asegura que el Padre nunca más se acordará de nuestros delitos y nuestras faltas reconocidos con humildad.

Hoy tenemos que dar gracias a Dios porque Cristo ha abierto las puertas de nuestros corazones y los abre a la gracia de Dios para que habiendo participado de su Eucaristía, podamos convertirnos en testigos alegres de su muerte y resurrección, para hacer que todos los hombres caminemos como un solo rebaño y bajo en solo pastor, Cristo Jesús.

ALELUYA, CRISTO JESÚS RESUCITADO,

CON SU CRUZ A TODOS HA SALVADO.

SEXTA ESTACIÓN

TOMÁS CREE EN JESÚS AL VER SUS LLAGAS. FELICES LOS QUE SIN VER CREERÁN.

Narrador: Cuando Jesús se retiró de su presencia, los apóstoles no cabían en sí de gozo, y le comunicaron a Tomas, uno de ellos que no estaba cuando Jesús se apareció la primera vez:

Discípulo: ¡Hemos visto al señor, Tomás! ¡Él ha estado con nosotros!

Narrador: Tomas se mostró incrédulo con ellos, no les creyó. Y afirmó tajantemente:

Tomas: ¡Si no veo en sus manos la marca de los clavos y si no meto el dedo por el agujero y si no meto la mano por su costado no creeré!

Narrador: Pues el domingo siguiente, recibieron nuevamente la visita de Jesús, y la alegría desbordante volvió a ser la misma con el saludo de Jesús. Cristo se situó entre ellos, e inmediatamente se dirigió a Tomas, y le lanzó la invitación:

Jesús: ¡Tomás trae aquí tu dedo y mira mis manos, trae acá la mano y métela en mi costado y no seas incrédulo, no dudes, antes cree.

Narrador: El pobre Tomás ya no pudo ante tanta delicadeza y tanta bondad de Cristo y ante tanta bondad suya.

Por eso no alcanzó a tocar el Cuerpo del Señor, y cayó de rodillas ante Cristo, presa de remordimiento, de tristeza, pero al mismo tiempo, de adoración.

Narrador: Postrado completamente en el suelo, nos dejó el primer acto de fe en Cristo como Hijo de Dios:

Tomas: ¡Señor mío y Dios mío!, ¡Señor mío y Dios mío!

Narrador: Después de ese momento de sobresalto, Cristo lo levantó, lo tomó entre sus brazos, y volviéndose a los demás, como lanzando su mirada más allá de los mismos apóstoles, afirmó.

Jesús: ¡Tomás, porque me has visto has creído, pero dichosos desde ahora los que van a creer sin haber visto.

Narrador: Hoy tenemos que decir: “Gracias, Tomás, gracias, pues por tu incredulidad nosotros también hemos sido llamados dichosos, pues no pudimos tocar físicamente al Señor, pero ahora tenemos la dicha de encontrarlo y alimentarnos con su Cuerpo y con su Sangre, en su Eucaristía, ideada por Cristo mismo para alimentar a todos los hombres en camino hacia nuestro buen Padre Dios.

ALELUYA, CRISTO JESÚS RESUCITADO,

CON SU CRUZ A TODOS HA SALVADO.

ALELUYA, CRISTO JESÚS RESUCITADO,

CON SU CRUZ A TODOS HA SALVADO.

SEPTIMA ESTACIÓN

LA IGLESIA EJERCE SU PODER DE PERDONAR LOS PECADOS. MIREN QUE YO HAGO NUEVAS TODAS LAS COSAS.

Narrador: Entre los grandes tesoros que Cristo le confió a la Iglesia, están los sacramentos, a través de los cuales Cristo nos comunica su gracia y su compañía. Pero el sacramento de la reconciliación tiene el poder de perdonar todos nuestros pecados.

El sacerdote más anciano, o el más joven, el más instruido como el más inculto, el más santo como el más pecador, todos han recibido la gracia de reconciliar al pecador, perdonarlo, levantarlo y regresarlo renovado, hecho criatura nueva, y mandarlo en paz a reintegrarse a la comunidad de los creyentes, para participar en el banquete de los hijos de Dios, donde Dios se alegra con el regreso de uno solo y de todos los pecadores.

Qué bueno es el Señor con nosotros, que de estar caídos, tirados al borde del camino, nos levantó, nos reintegró y nos ha hecho vivir la vida nueva de los hijos en el Reino. Gracias, Señor Jesús, porque nos has perdonado, al grado que recurrir al sacerdote, será volver a encontrar el camino de la paz, del amor, de la reconciliación y de la unidad.

ALELUYA, CRISTO JESÚS RESUCITADO,

CON SU CRUZ A TODOS HA SALVADO.

OCTAVA ESTACIÓN

LA PESCA MILAGROSA, CONFIANZA EN EL CRISTO RESUCITADO

Narrador:

Ahora, después de su resurrección, Cristo se les apareció por tercera vez a sus los apóstoles que estaban a la orilla del lago. Habían pasado una noche sin haber pescado nada, pero Jesús les dijo donde pescar, y la pesca fue tan abundante que difícilmente podían arrastrarla hasta la costa. Esto le recordó a Pedro la primera vez que Cristo le pidió su barca para predicar desde ella a la multitud, cuando el pobre Pedro no le creyo cuando lo invitaba a echar la red en medio del día, consiguiendo también una pesca abundantísima.

Narrador: con una delicadeza muy grande, ahí mismo en la orilla del lago, Jesús se puso a cocinar en la con sus propias manos de resucitado, él que ya no necesitaba alimento, dándoles una vez más una señal de su amor y de cómo quería que ellos trataran a todas las gentes.

Narrador: Cuando todo estuvo preparado, Jesús les dijo:

Jesús: “Vengan, muchachos, vamos a almorzar”.

Narrador: Y convivieron como cuando caminaban por los caminos de Israel, cuando comían sabrosamente de lo que las gentes les daban.

Nunca les faltó que comer.

Para Cristo su alimento era hacer la voluntad de su Padre, pero su Padre se preocupaba de darles cada día de comer. ¡Qué delicadeza de Cristo!, que sin tener ya necesidad de alimento, quiso compartir con ellos y alentarlos porque las luchas que tendrían que enfrentar serían muy duras, a brazo partido, pero él les aseguraba que para siempre podrían contar con su presencia y su fortaleza.

Así está ahora Jesús en su Iglesia, asistiéndola en medio de las luchas, los combates y los ataques despiadados de sus enemigos, y ella, renovada cada día, tiene que seguir ofreciendo hoy la salvación que Cristo le confía.

ALELUYA, CRISTO JESÚS RESUCITADO,

CON SU CRUZ A TODOS HA SALVADO.

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NOVENA ESTACIÓN

EL TRIPLE INTERROGATORIO A PEDRO Y LA ENTREGA DE LOS PODERES.

Narrador: En la playa del lago de Galilea, poco después de que les repartió a a sus apóstoles el pan y el pescado, apartó un poco a Pedro, pero no tan lejos como para que no se enteraran los apóstoles y comenzó una conversación muy especial, un triple interrogatorio:

Jesús: ¿Pedro me amas más que éstos?”

Narrador: Y la respuesta fue clara.

Pedro: “Sí, Señor, tu sabes que te quiero”.

Narrador: Pero Cristo continuó preguntando nuevamente:

“Jesús: Pedro, ¿me quieres?”,

Narrador: Y Pedro respondió:

Pedro: “Señor, tú sabes que te quiero”.

Narrador: sin embargo, Jesús le hizo todavía una tercera pregunta:

Jesús: “Pedro, de veras ¿me quieres?”.

Narrador: Entonces, al escuchar la tercera pregunta, Pedro se entristeció profundamente y las lágrimas acudieron a sus ojos, pensando en la otra ocasión, cuando su Maestro ya había sido hecho prisionero y él lo había negado cobardemente delante de todos, con el afán de escapar con vida.

Ahora Cristo le daba la oportunidad de reafirmar su amor, su cariño y su fidelidad, y ante su triple respuesta, Cristo lo confirmó al frente de su Iglesia, para que alentara la fe de sus hermanos, y condujera a su Iglesia entre el mundo, siendo faro de luz, de paz y de unidad entre todos los hombres.

Hoy los ojos de los hombres, incluso de los no creyentes, vuelven su vista a Roma, donde está el sucesor de Pedro, el Papa, que con gran prestigio hace que el mundo mire con esperanza su futuro, pues a Pedro y a sus sucesores les ha prometido que Cristo estará siempre con los suyos.

ALELUYA, CRISTO JESÚS RESUCITADO,

CON SU CRUZ A TODOS HA SALVADO.

DECIMA ESTACIÓN

LA MISIÓN DE EVANGELIZAR DE LOS APÓSTOLES Y LOS CRISTIANOS, Y LA SUBIDA GLORIOSA DE CRISTO A LOS CIELOS.

Narrador: Cristo Jesús, ya estando para elevarse a su Padre celestial, quiso dejar para el último momento sobre la tierra, un gran mandato:

¡El mandato misionero!

Él sabía que su obra estaba incompleta, que no había salido casi del territorio de su nación, y ahora les quería encomendar a los suyos una labor titánica, gigantesca: llevar su presencia, su misión y su salvación a todas las gentes:

Jesús: “Vayan a hacer discípulos a todas las gentes, a todos los pueblos, en todas las épocas.

A los que les crean, bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Y a los que les crean y les bauticen, háganles vivir y cumplir todo lo que yo les he mandado. Háganles vivir en el amor. Que el amor sea su distintivo. Que todos se amen. Que tengan gusto por servirse unos a otros. Manténganlos en la unidad”.

Narrador: Y mientras los bendecía, les hizo una gran promesa:

Jesús: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.

Narrador: ¡Qué gran promesa. Tener siempre con nosotros a Cristo!

Pero ¡Qué gran compromiso para la Iglesia, para los obispos y sacerdotes y para todo el pueblo creyente: Hacer discípulos a todas las gentes!

Después de veinte siglos tenemos que reconocer que no hemos hecho caso al Señor, y tal parece que somos cada vez menos cristianos en el mundo.

Otras religiones están más dinámicas que la misma Iglesia Católica fundada por Cristo y sin embargo, hay continentes enteros que aún no conocen a Cristo. Hoy es el momento de renovar nuestra fidelidad a Cristo y de disponer de las mejores fuerzas, de los mejores jóvenes, para que el mandato misionero de Cristo vaya adelante, y su amor, su amistad y su salvación sean patrimonio de toda la humanidad.

Todos estamos llamados a evangelizar, a conseguir la salvación para todos los hombres. Cada uno de nosotros, con nuestra vida y nuestro testimonio, haremos que muchas gentes eleven su vista y den gloria a nuestro Padre celestial.

Narrador. De esta manera, el momento de la partida había llegado. Ellos hubieran querido que la presencia de Cristo se prolongara físicamente toda la vida. Pero él tenía que irse. Quería prepararnos un lugar cerca del Padre, desde donde él estaría sentado para siempre.

El corazón que dejó de latir en la cruz, seguirá latiendo desde entonces cerca del Padre, para interceder por todos los hombres, invitándoles cada día a ser perfectos y misericordiosos como el Padre es perfecto y misericordioso.

Todos se han habían reunido para la despedida del maestro. Sentían el dolor de la separación, pero el Señor ya les había llenado de esperanza en los días que estuvo con ellos y los instruyó. La suya era una esperanza firme:

Jesús: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.

Narrador: Después de bendecirles, Cristo se alejó de la vista de los apóstoles. Una nube lo alejó de su presencia. Se fue a su Padre. Se fue a la casa de todos los hombres.

¡El Señor nos espera. Adelante!

Pero los apóstoles estaban estáticos, sin moverse, no sabían que hacer. Hubo necesidad de que dos ángeles de blanco los sacaran de su estupor y les indicaran.

Ángeles de blanco: ¡Dejen ya de mirar al cielo pues a llegado el momento de ponerse trabajar para llevar la buena noticia a todo el mundo, pues Jesús no los abandonará. Váyanse, el trabajo los espera en el mundo, entre los hombres. Váyanse!

Narrador: Hoy, nosotros, la Iglesia, no podemos perder un solo instante, porque el tiempo no es nuestro, sino de Dios, para quemarlo en su servicio. Jesucristo ha querido ir delante de nosotros para que vivamos con la ardiente esperanza de acompañarlo un día en su Reino, donde ya está sentado a la derecha del Padre, esperando nuestro regreso a la Casa del Padre Dios.

ALELUYA, CRISTO JESÚS RESUCITADO,

CON SU CRUZ A TODOS HA SALVADO.

DECIMA PRIMERA ESTACIÓN

EL ESPÍRITU SANTO CULMINA LA OBRA DE CRISTO.

Narrador: Cristo había hablado claro sobre la presencia de otra persona en la Santísima Trinidad, pero lo hizo clarísimamente en la última Cena, donde les prometió enviarles al Espíritu de Amor. Y agregó que era necesario que Él se fuera para que pudiera venir el Espíritu Santo con su amor, con su gracia y con su fuego.

Cincuenta días después, estaban los Apóstoles reunidos, cuando un viento impetuoso abrió de par en par las puertas de la casa donde se encontraban, unidos en oración con la Virgen María, y ellos recibieron unas como lenguas de fuego, presencia visible del Espíritu Santo que ya se les había dado el mismo día de la Resurrección de Jesús, pero que ahora se les volvía a dar en atención a las gentes y a todo el mundo a donde los apóstoles serían enviados.

¡Eso los transformó!

Quitó sus miedos y sus temores, y ese mismo día Pedro, ante muchas gentes que preguntaban inquietos que pasaba, se puso a explicarles.

Pedro: Cristo Jesús a quienes ustedes han mandado matar, Dios lo ha constituido Señor y Mesías, siendo Hijo suyo y gracias a su muerte y a su resurrección ustedes pudieron ser perdonados de sus pecados.

Narrador: “!Cristo muerto y resucitado, es el único camino de Salvación!”, afirmó Pedro gallarda y virilmente en ese día en Jerusalén.

Hoy la Iglesia lo sigue repitiendo. “Cristo muerto y resucitado, es el único camino de Salvación”.

Él es el camino, la verdad y la Vida, y quienes lo siguen, no andarán nunca más en tinieblas.

El timbre de gloria para la Iglesia es dar a conocer a los hombres a Cristo como Camino hacia el Padre, y uno de sus máximos cometidos, es hacer presente a Cristo y a su Espíritu Santo en la administración de los sacramentos.

ALELUYA, CRISTO JESÚS RESUCITADO,

CON SU CRUZ A TODOS HA SALVADO.

DECIMA SEGUNDA ESTACIÓN

CRISTO CONTINÚA SU OBRA EN LA IGLESIA, EN LA PREDICACIÓN Y EN LOS SACRAMENTOS.

Narrador: La misión que Cristo confió a su Iglesia está inconclusa, la Iglesia no puede descansar mientras uno de los habitantes de nuestro planeta no reconozca la Divinidad de Cristo y pueda encontrar en él la Salvación. La Iglesia continúa la misión de Cristo en el mundo.

Ella tiene que gritar con toda su voz para denunciar la injusticia, para defender la vida humana, para decirle a las mujeres la dignidad tan grande que significa una vida humana, para preservar la vida latente en el seno de las mujeres, y para decirle a la pareja humana que ella, en el matrimonio cristiano, es representante del amor de Dios, y que ella, LA PAREJA HUMANA, está llamada a caminar por caminos de santidad.

(AQUÍ PUEDEN APARECER VARIAS PAREJAS ENTRADO Y SALIENDO DEL TEMPLO Y ENTREMEZCLANDOSE ENTRE LA GENTE),

La Iglesia tiene derecho a decirle a los jóvenes que Cristo es el Salvador, que sigue siendo eternamente joven, y que Él sí puede dar la felicidad que el mundo promete pero que no cumple ni puede dar. En Cristo eternamente joven, los jóvenes encontrarán la paz y la felicidad que no pueden dar todas las cosas juntas de nuestro mundo, que no pueden dar los placeres ni las drogas y que no pueden dar ni el afán de poder ni el de todos los conocimientos y las ciencias y las técnicas juntos.

(LO MISMO QUE EN EL PÀRRAFO ANTERIOR, PUEDEN PARTICIPAR UNA O DOS PANDILLAS DE MUCHACHOS CON CAMICETAS CON ALGÚN MENSAJE CRISTIANO O CON FIGURAS DE CRISTO).

A los niños, la Iglesia con corazón de madre, quiere unirlos a Cristo para que ellos se conviertan en los grandes amigos del Señor, y ellos logren un mundo mejor del que les hemos dejado nosotros.

(LO MISMO CON LOS NIÑOS, Y YA PUESTOS EN UN LUGAR CENTRAL, IRSE AGRUPANDO PARA CUANDO APARECE EL PAPA, PUEDAN HACERLE VALLA MIENTRAS ÉL SE ACERCA SONRIENDO Y PONIENDO LAS MANOS O BENDICIENDO A LOS ASISTENTES).

A todo el mundo, la Iglesia ofrece caminos de paz, de amor, de unidad, de perdón, de salvación, hasta el momento en que todos nosotros podamos descansar en los brazos amorosos del Buen Padre Dios, cerca de Cristo, sentado a la derecha del Padre, y en la presencia del Espíritu Santo.

La Iglesia abre hoy sus puertas y continúa llamando a todos los hombres: “NO TENGAN MIEDO, ABRAN LAS PUERTAS AL REDENTOR”.

Es el Papa, cabeza visible de la Iglesia, sucesor de San Pedro, que con su alegre sonrisa, su voz potente y su entrega generosa, nos dice que todo esfuerzo para lograr la unidad y la paz entre los hombres, no pasará desapercibido. Que la paz es posible.

Hombres de todos los pueblos, abran sus corazones a Cristo. Abran sus corazones a la Iglesia y la luz del Espíritu Santo inundará por completo sus corazones.

Cristo Jesús, ven con tu pueblo, camina con él, sigue siendo para nosotros, el Camino, la Verdad y la Vida.

Ven con tu pueblo, ven, ven Señor Jesús.

ALELUYA, CRISTO JESÚS RESUCITADO,

CON SU CRUZ A TODOS HA SALVADO.

ORACIÓN FINAL

Padre: Señor Dios que nos has llamado a la salvación en tu Hijo Jesucristo concédenos que abrazados íntimamente a la cruz de cada día, con él podamos vivir y amar a todos nuestros hermanos, y después del paso por este mundo, podamos descansar para siempre en tus brazos amorosos de Padre y participar contigo de la vida y el banquete eternos. Por Cristo nuestro Señor.

Pbro. Alberto Ramírez Mozqueda

VÍA CRUCIS Y PROCESIÓN DEL SILENCIO 2011

MONICIÓN INICIAL

QUERIDOS HERMANOS:

Esta noche vamos a acompañar a Cristo en su camino de dolor, de cruz, de sufrimiento y de entrega, pero como un paso para llegar a la luz, a la paz, al perdón, a la salvación y a la misma resurrección.

Estamos aturdidos de ruido, de música y de luces falsas y ahora será el momento para oír y para escuchar al Dios del silencio, de la paz y del sosiego.

Estamos necesitados de silencio para oír el lamento de Cristo que sigue sufriendo en millones de hermanos nuestros hambrientos, marginados, perseguidos, despreciados, enfermos, deportados y condenados injustamente y nuestra adhesión a Cristo debe convertirse en adhesión a ellos.

Necesitamos del silencio para oír la voz de Dios, pues solo en el silencio podremos oír las quejas, los sufrimientos y los lamentos de los que hemos atado con cadenas de pobreza, de miseria y de abandono.

Vamos a ir haciendo el recorrido en pleno silencio, y sólo lo interrumpiremos para marcar las estaciones de Cristo con su cruz. En cada estación iremos sugiriendo las posturas que nos harán vivir más de cerca la Pasión del Señor Jesús.

(Aquí se indica la necesidad de caminar en orden y en silencio, precisamente por donde indican los encargados, para prever cualquier accidente de tráfico),

SACERDOTE:

En el nombre del Padre...

Señor Dios, nuestro Buen Padre Dios, que has hecho oír en medio de la noche la voz de tu Hijo Jesucristo para llamarnos al perdón, a la gracia y a la misericordia, concédenos que en este silencio estemos atentos a su voz y a la voz de los que aún sufren por la injusticia, por la miseria y por el pecado al que nosotros mismos les hemos condenado, y concediéndonos el perdón, llévanos a tu luz admirable

Que siempre busquemos la luz de tu gracia y de tu perdón, y que rompamos esta misma noche las cadenas de nuestro propio pecado, hasta hacer de nuestro mundo un mundo de paz, de amor y de esperanza. Por Cristo nuestro Señor. Amén

SIGNOS CORPORALES

1.-JESÚS ES SENTENCIADO A MUERTE. El juicio de Cristo fue de la más vil injusticia y la más grande mentira del mundo. Nunca supieron los judíos presentar una causa justa para acusarle. Por eso, en esta estación tendremos en cuenta a muchos hombres que se encuentran en prisión injustamente, porque son pobres, o indígenas o ignorantes de las leyes. En este primer trayecto los vamos a invitar a llevar la mano con los dedos en cruz levantada bien alto porque reconocemos que todo es de Cristo y porque con su cruz nos redimió de todos nuestros pecados y nos invitó a ayudar a los demás en su pobreza, su ignorancia o su marginación.

2.-JESÚS ES CARGADO CON LA CRUZ A veces la ciencia en la que tanto confía el hombre el día de hoy, se vuelve contra él mismo y hoy no saben qué hacer los japoneses con sus reactores nucleares, poniendo en peligro a toda la humanidad. Y nosotros mismos cuando contaminamos lagos, ríos y mares, estamos ensuciando este mundo que nosotros tendremos que dejar en buen uso a las generaciones futuras. Por eso en este trayecto llevaremos la mano izquierda puesta sobre la frente, pidiendo perdón por todas las veces que hemos usado nuestra inteligencia y nuestros dones al servicio del mal y de la desunión entre los hombres.

3.-PRIMERA CAÍDA En este trayecto llevaremos la mano derecha empuñada sobre el corazón, en señal de arrepentimiento sobre todo por las veces que con nuestra desidia hemos alejado a los hijos o a otros cristianos de los sacramentos y de la Iglesia misma, hasta hacerlos indiferentes a la fe. Es un deseo de Jesús de que todos seamos luz y vida para los demás, y no tinieblas ni oscuridad. Aquí tendremos en cuenta a las familias donde Jesús ha sido echado fuera y los hijos no oyen hablar de su divinidad, de su misión y de su entrega.

4.-JESÚS SE ENCUENTRA CON SU SANTÍSIMA MADRE En este trayecto llevaremos la cabeza un poco inclinada en señal de penitencia por las veces que hemos negado a Cristo con nuestras acciones y por todos los que han inducido a sus hermanos al mundo de las drogas, del alcoholismo o la prostitución. Se cuentan por millones los abortos en el mundo, de criaturas a las que no se les ha respetado el derecho a la vida. Tenemos que volver a encontrarnos con María de Guadalupe, pues ella ha estado con nosotros forjando a nuestra patria que ahora vive en la violencia, el miedo y el aislamiento

5.-JESÚS ES AYUDADO POR EL CIRINEO A CARGAR SU CRUZ En este trayecto llevaremos los brazos cruzados extendidos al frente con los puños cerrados como quien va amarrado. Con este gesto pedimos misericordia al Señor por las ataduras que hemos puesto a los demás con nuestro genio, con nuestro egoísmo y por las esclavitudes que lejos de ayudar, empeoran la situación de nuestros hermanos, sobre todo en África y entre los pobres de todos los países. Los matrimonios, los esposos y las familias, están urgentemente necesitados de ayuda y de colaboración con otras familias, para cumplir la misión educadora que se les ha confiado.

6.-LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS En este trayecto llevaremos la cabeza inclinada y los dedos entrelazados sobre el cuello, como quien ha sido uncido a un yugo. Con este gesto pedimos al Señor misericordia por todas las grandes mentiras y saqueos que sufrimos por parte de los países poderosos, mentiras que se convierten en una manera natural en nuestros tratos con los demás. Y aquí tendremos en cuenta a las autoridades civiles, urgentemente necesitadas de nuestra oración para que lejos de convertirse en un yugo opresor, puedan contribuir a desterrar de nosotros la pobreza, la injusticia y la insolidaridad.

7.-JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ En este trayecto llevaremos la palma derecha en alto como quien hace un juramento. Con este gesto queremos jurar al Señor luchar hasta la muerte por la verdad, la justicia y el amor y la vida en nuestras familias y en nuestras ciudades, comprometiéndonos a orar por los migrantes en Estados Unidos y en otros países. Pedimos por los legisladores de México y del mundo, para que ellos también se muestren a favor de la vida y no de la muerte de los no nacidos. Que promuevan iniciativas que favorezcan a las familias y a las mujeres para que no haya necesidad de recurrir al aborto

8.-JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN En este trayecto llevaremos el puño izquierdo en alto como quien va a la lucha. Con este signo nos comprometemos a luchar por la justicia y el progreso de nuestros hermanos más pobres, ayudando a crear condiciones sociales y económicas que hagan que la mujer se muestre desde su propia condición, una aliada de los hombres que buscan la paz, el progreso y la dignidad de toda persona.

9.-JESÚS CAE POR TERCERA VEZ En este trayecto llevaremos los dos brazos en alto con las manos abiertas en señal de súplica. Con este gesto pedimos al Señor misericordia por todos los que sufren y por todos los que hemos hecho sufrir con nuestra incomprensión, nuestra intransigencia y nuestro autoritarismo. No podremos avanzar en la lucha contra el mal, la corrupción y la mentira, si no somos capaces de levantar nuestras manos al Creador de todas las luces.

10.-JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS. En este trayecto llevaremos la palma de la mano izquierda sobre la boca. Con este gesto pedimos perdón al Señor por los chismes e injurias contra nuestros hermanos, contra la Iglesia y sus ministros, por las críticas a los que frecuentan el templo así como por las veces en que hemos despojado a la mujer de la vestidura de su dignidad, de su pudor y de su intimidad.

11.-JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ En este trayecto iremos con los brazos abajo, un tanto abiertos y con las palmas extendidas, diciéndole al Señor en nuestro interior: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Que todos nos demos cuenta que participar cada domingo en la Eucaristía, nos compromete a mejorar a nuestro mundo, a mostrarnos servidores de todos, dando en nuestra profesión o nuestro trabajo o en nuestros estudios, una respuesta de calidad y de prestigio.

12.-JESÚS MUERE EN LA CRUZ En este trayecto iremos con las manos unidas unos a otros en señal de solidaridad con los que luchan por construir una civilización de paz y de amor, para que nunca saquemos el bulto cuando se trata de ayudar a los demás. Aquí tendremos muy en cuenta a los niños para que ellos puedan tener libre acceso a Cristo, a la fe y a los sacramentos, con padres que verdaderamente se muestren como cristianos, buenos esposos, buenos padres, buenos ciudadanos.

13.-JESÚS DESCIENDE DE LA CRUZ Y ES PUESTO EN MANOS DE SU MADRE En este trayecto, nos ponemos en las manos de María de Guadalupe que quiere consolar a su pueblo a través de nosotros. Para mostrar nuestra solidaridad con los que nada tienen, con los que el mundo ha condenado a la pobreza y a la injusticia, con los que son rechazados porque no tienen educación o cultura o dinero, y por las criaturas muertas sin misericordia en el seno de las mujeres que no se atrevieron a ser madres. Por todas esas razones, iremos descalzos y con mayor silencio que en las anteriores estaciones.

|14.-EL CUERPO DE JESÚS ES SEPULTADO. Y presagiando ya que nuestra vida no es una miseria y nuestros días no serán nunca más un valle de lágrimas, en este último trayecto, iremos con la mano derecha en alto, y con el dedo índice señalando al frente, porque nosotros vamos por la vida hacia el gozo de la resurrección, unidos a Cristo e impulsados por el Espíritu Santo.

ORACIÓN FINAL

Señor Dios que te dejas escuchar en el silencio del corazón, concede a los que hemos participado en este Vía crucis, que cada día hagamos de nuestra vida una entrega a nuestros deberes, de manera que como tú Jesús, después del trago amargo de tu cruz y de tu muerte, también nosotros podamos participar de la vida en el regazo de nuestro buen Padre Dios. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

PBRO. ALBERTO RAMÍREZ MOZQUEDA

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