Arquidiocesis de Leon

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La Sal de la vida

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Mientras haya, gastar, mientras no haya ayunar

3er Domingo Ordinario Ciclo C

Hoy estrenamos prácticamente el Evangelio de San Lucas que nos guiará en grandes momentos del año litúrgico de este año. Y quien nos puede introducir es el libro de Esdras, un sacerdote del antiguo testamento, a quien le tocó en suerte dar a conocer al pueblo, por primera vez, después de cincuenta años de no conocer el mensaje, por el destierro que le fue impuesto al pueblo, la palabra salvadora. Todo el pueblo, chicos y grandes, hombres y mujeres escuchaban entusiasmados y en ellos se mezclaba la alegría, la tristeza, el arrepentimiento y la vuelta al corazón del Señor Dios de Israel. Fue un día grande para el pueblo y así se los hace saber el sacerdote, que les invita a ir  a comer y a no estar tristes, porque celebrar al Señor es nuestra fuerza. Y vaya que lo es, pues nada podrá dar fuerza a nuestros pasos sino precisamente la Palabra de Dios.

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El Bautismo del Señor

El bautismo de San Juan no tiene que ver con el nuestro, si acaso son parientes cercanos, pero no se trata de nuestro bautismo, ni siquiera del bautismo de Cristo Jesús, cuya inmersión en las aguas del Jordán celebramos hoy. Esta fiesta está en conexión con la Navidad del Señor y con la fiesta de la Epifanía, pues todas esas fiestas nos hablan de un Cristo que viene a estar con los hombres para lograr su salvación y su incorporación a la gracia de Dios. Y el bautismo de Cristo constituye definitivamente el momento marcado para salvación de todos los hombres, cuando la Trinidad en pleno interviene por primera vez de una manera clara y abierta en favor de Cristo Jesús y en favor de todos los hombres.

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Fiesta de la Epifanía del Señor

La fiesta de hoy, fiesta para chicos, en realidad viene a ser una fiesta para adultos, pero muy adultos, pues hoy se juegan grandes intereses para los hombres, o mejor uno solo, el de su propia salvación que se hace presente en esas figuras ancestrales y muy queridas de los niños, los santos reyes magos.

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Una mujer encantadora llamada María

Domingo 4º. De Adviento 2012

 

Cómo me conmovió aquella mujer que me platicaba de la preñez de su quinto

hijo, ella estaba anémica, imposible de atención médica,  su marido era un

borracho perdido y la tenía amenazada con grandes castigos en caso de que

quedara embarazada, el conseguir el pan para el resto de sus hijos se hacía

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¡Dime cómo es tu adviento y te diré la Navidad que esperas!

Domingo primero de Adviento, 2012

¿Quién vive en constante adviento sino los comerciantes? No tengo nada contra ellos, pero de que se preparan, se preparan para tener una Navidad jugosa, con muchas ventas y muchos visitantes por sus establecimientos comerciales. Apenas transcurre la Navidad y ya están almacenando sus productos en sus amplias bodegas y cuando llega la temporada son ellos, no la Iglesia, los primeros que nos recuerdan que la Navidad está próxima.  Eso nos llevaría a preguntarnos qué clase de Navidad esperas, para poder planear nuestro propio Adviento.
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Cristo, ¿Rey del “más acá” o del “más allá” ?

Hemos llegado al fin de un año litúrgico más, guiados por la mano afable de Marcos, el más antiguo de los Evangelistas, y lo hacemos curiosamente, siendo Cristo el Rey y Señor de los siglos,  con una de las fiestas más recientes en la Iglesia, la de Cristo Rey, de apenas el año 1925 por decreto del Papa Pio XI.

¿Su reino es de este mundo? A juzgar por lo que afirmó ante Pilatos, la respuesta es negativa, pero todo el esfuerzo de Cristo se realizó en este mundo y los beneficiarios somos nosotros, los que aún estamos en camino de paz.

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31 Domingo Ordinario Ciclo B

Este domingo nos deja un agradable sabor de boca. Ocurre en los últimos días de vida de Cristo Jesús, en la ciudad de Jerusalén y precisamente en el templo. En aquellos días de intriga en que muchos hombres habían jurado acabar con la vida de Cristo, tuvo lugar el encuentro que nos refiere San Marcos.

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Para torear y casarse, es necesario arrimarse

Domingo 27 ordinario 2012

Entre tantas cosas que los fariseos le propusieron a Cristo para hacerlo caer en una trampa, una cuestión muy importante para ellos fue la cuestión del divorcio. Y le plantearon directamente la pregunta, pues en su tiempo había dos opiniones encontradas, los que decían que el marido podía despedir a la esposa por cualquier motivo, tan fútil como que se le quemaran los frijoles hasta aquellos que hacían muy difícil la disolución del vínculo matrimonial. Cristo como siempre, pasa por en medio, los deja con un palmo de narices, pero fija definitivamente su parecer, haciendo que sus detractores se fijaran no en lo que Moisés había prescrito por la dureza de corazón de los hebreos, sino lo que fue la idea original del Creador para la pareja humana, uno solo, con una sola y por toda la vida, la fórmula perfecta de la felicidad y lo que se convierte en una fuente de energía para lograr subsistir en medio de las dificultades y los embates del mal sobre la pareja humana, e incluso, servir de modelo para testimoniar el amor grande de Dios para la humanidad, y el amor de Cristo casto y pobre hacia la Iglesia necesitada constantemente de purificación y de regeneración: “desde el principio, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne,  por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”.

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¿Me ves de luto y me traes mariachis?

Domingo 25 ordinario 2012

¿Cuándo comenzó el calvario para Cristo? No queremos remontarnos hasta el momento de su Encarnación o de su nacimiento. Queremos suponer que fue desde el día siguiente de la multiplicación de los panes y los peces, cuando la gente lo abandonó pues no quisieron aceptar el nuevo alimento que Cristo les daba, el Pan del Cielo. Cuando las gentes se fueron, Cristo entendió que su actuación tendría que tener un viraje radical. Comprendió que sus apóstoles merecían una mayor atención, dado que ellos continuarían su misión y de hecho, igual que para él, vendrían grandes días de tribulación. De eso nos habla el texto de San Marcos que estamos considerando. Cristo vuelve a hablar de muerte y también de su resurrección, pero ahora lo hace sólo a sus apóstoles, lejos de las gentes que ya no estaban con él.   Pero dolorosamente, mientras él llevaba  la gran preocupación de caminar a Jerusalén donde seria aprendido, apaleado y muerto, los discípulos, iban preocupados por su prestigio personal, y acaloradamente discutirían quien era más grande entre ellos. No sólo dejaban solo al Maestro con sus consideraciones, sino que tenían miedo de preguntarle sobre eso que no aceptaban, su muerte, y eso que definitivamente no entendían, su resurrección.

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